
El servicio pastoral y sacramental
El servicio pastoral y sacramental de la parroquia San Juan Bosco se centra
en acompañar la vida de fe de la comunidad
a través de la celebración de los sacramentos y la animación espiritual:
• Sacramentos: Bautismos, primeras comuniones, confirmaciones y matrimonios, además de la Eucaristía dominical y diaria, que es el corazón de la vida parroquial.
También se ofrece la reconciliación (confesiones) y la unción de los enfermos.
• Pastoral comunitaria: Catequesis para niños, jóvenes, grupos y movimientos laicales; formación bíblica y espiritual; visitas a los enfermos y acompañamiento a familias.
• Acción social: Campañas de solidaridad, recolección de alimentos y ropa, apoyo a los más necesitados, fortaleciendo la dimensión caritativa de la Iglesia.
• Celebraciones especiales: Fiestas patronales, triduos y novenas, procesiones y actividades culturales que refuerzan la identidad comunitaria.
La comunión fraterna es la experiencia de unidad y solidaridad que nace de la fe compartida en Cristo y se vive en la comunidad católica. No se limita a estar juntos en la celebración litúrgica, sino que implica reconocerse como hermanos, apoyarse mutuamente y caminar unidos en la misión de la Iglesia. Esta comunión se alimenta en la oración, en la escucha de la Palabra y en la Eucaristía, y se traduce en gestos concretos de caridad, servicio y acompañamiento. Es el signo visible de que la comunidad cristiana es un cuerpo vivo donde cada miembro se preocupa por el otro, reflejando el amor de Dios en la vida cotidiana


P. Ronald Francis Bone
Párroco Iglesia San Juan Bosco
El sacramento de la confesión tiene sus raíces en las palabras y gestos
de Jesús hacia sus discípulos.
El momento más claro se encuentra en Juan 20,22-23, cuando el Señor resucitado sopla sobre los apóstoles y les dice: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos”. Aquí se instituye la autoridad de la Iglesia para perdonar los pecados en su nombre.
Otros textos refuerzan la práctica: Santiago 5,16: “Confiesen sus pecados unos a otros y oren unos por otros para que sean sanados”, mostrando la dimensión comunitaria de la confesión; 2 Corintios 5,18-20: San Pablo habla del “ministerio de la reconciliación” confiado a los apóstoles, quienes actúan como embajadores de Cristo; Mateo 16,19 y Mateo 18,18: Jesús entrega a Pedro y a la comunidad el poder de “atar y desatar”, es decir, de ejercer autoridad espiritual sobre el perdón y la reconciliación.
Estos pasajes muestran que la confesión no es una invención tardía, sino un mandato evangélico que la Iglesia ha vivido desde los primeros tiempos como medio de gracia y reconciliación.





